Agustín Fernández Mallo

Jueves 15 de octubre – 19:00

Agustín Fernández Mallo, físico y escritor, su última novela es Madre de corazón atómico (Seix Barral), seleccionada en significativas publicaciones como una de las mejores novelas nacionales de 2024. Otras novelas: El libro de todos los amores (Seix Barral, Fitzcarraldo, Premio Cercador Prize 2024, otorgado por los libreros de EE. UU. al mejor libro traducido del año); Trilogía de la guerra (Seix Barral, Premio Biblioteca Breve; en inglés The Things We´ve Seen, Premio English PEN Award, editado por Fitzcarraldo y por FSG); Proyecto Nocilla (Nocilla Dream, Nocilla Experience, Nocilla Lab, Alfaguara), que fue Premio Europeo de Literatura 2022, otorgado en Países Bajos; El hacedor (de Borges), remake y Limbo (Alfaguara).

Sus poemarios están recopilados en Ya nadie se llamará como yo (Seix Barral), algunos de ellos premiados. Es autor de Postpoesía, hacia un nuevo paradigma, finalista del Premio Anagrama de Ensayo; Teoría general de la basura (Galaxia Gutenberg, Premio Cálamo); La mirada imposible (Wunderkammer); La forma de la multitud (I Premio de Ensayo Eugenio Trías, Galaxia Gutenberg), El ángel de la Inteligencia Artificial (Galaxia Gutenberg), y coautor de Wittgenstein, arquitecto (Galaxia Gutenberg). Su literatura está traducida a catorce idiomas.

El ángel de la Inteligencia Artificial (Galaxia Gutenberg)

En este libro, Fernández Mallo aborda una originalísima idea, la unión de la Inteligencia Artificial con los ángeles caídos, para sacar a la luz multitud de insospechados resultados, caminos e ideas que cambian la forma de ver las Inteligencias Artificiales. Una vez más, Fernández Mallo nos abre una puerta que estaba sin abrir. Con la dúctil y comprensible combinación de campos del saber a la que nos tiene acostumbrados, explora todo ello desde la física, la antropología, la metafísica y la teología, proponiendo un nuevo marco de pensamiento para la IA.

Y es que cuando hablamos de Inteligencia Artificial estamos ya partiendo de un abuso del lenguaje, de una «metáfora consentida» –la IA ni es inteligente ni es propiamente artificial–, pero lo que sí sabemos con seguridad es que nuestro empeño por crear algo que como humanos nos supere se encuentra ya larvado en el origen del Homo sapiens, en una pulsión libidinal que se halla directamente relacionada con nuestro eterno deseo de crear un dios: pretendemos crear una definitiva IA por el mismo motivo por el que levantamos sistemas religiosos y divinidades a las que pedimos que nos solucionen los problemas. El discurso social atribuido a la IA responde así a un sistema de creencias religiosas, uno más en la larga lista que antropológicamente nos ha conformado como seres humanos.