Manuel Gutiérrez Aragón

Domingo 19 de noviembre, 12:30

Manuel Gutiérrez Aragón. Foto: © Alicia Gómez-Navarro

Manuel Gutiérrez Aragón (Torrelavega, Cantabria, 1942) ingresó en 1962 en la Escuela de Cine de Madrid, a la vez que estudiaba Filosofía y Letras. Su primer largometraje fue Habla, mudita (1973), Premio de la Crítica en el Festival de Berlín. Entre sus películas más conocidas figuran Camada negra, Oso de Plata al mejor director en el Festival de Berlín; Maravillas; Demonios en el jardín, Premio de la Crítica en el Festival de Moscú y Premio Donatello de la Academia del Cine Italiano, y La mitad del cielo, Concha de Oro en el Festival de San Sebastián. Le otorgaron el Premio Nacional de Cinematografía en 2005. Tras su última película, Todos estamos invitados (2008), Gran Premio del Jurado en el Festival de Málaga, anunció su retirada del cine. La vida antes de marzo, su primera novela, obtuvo el Premio Herralde en 2009: «El tono del narrador es parte principal de la fascinación que nos produce esta historia» (J. Á. Juristo, ABC);  «Una historia magníficamente contada» (J. Varela, La Voz de Galicia). Después publicó Gloria mía: «Una novela vigorosa y sorprendente, llena de humor satírico» (Juan Marsé); Cuando el frío llegue al corazón: «Es la mejor de sus tres novelas, magnífica» (Manuel Hidalgo); «Espléndida, breve y emocionada» (Fernando R. Lafuente, ABC); El ojo del cielo: «Si consideré que Cuando el frío llegue al corazón era la mejor de las tres novelas por él publicadas hasta entonces, hoy creo que El ojo del cielo la supera» (Manuel Hidalgo, El Mundo), Rodaje: «Construida con un punto de culposa nostalgia autobiográfica, en la que abundan los juegos metaliterarios y en la que aparecen personajes y motivos muy de su tiempo» (Manuel Rodríguez Rivero, El País). En Anagrama también ha publicado el libro sobre cine A los actores y el volumen de relatos Oriente.

Oriente (Anagrama)

Ocho relatos fascinantes entre lo real y lo fantástico, en los que Manuel Gutiérrez Aragón continúa explorando su universo creativo.

Los ocho cuentos aquí reunidos discurren entre lo cotidiano y lo fantástico, entre lo real y lo surrealista. Así, una tranquila velada operística en el madrileño Teatro Real se convierte en un encierro en el que reina la oscuridad y no hay posibilidad alguna de comunicarse con el exterior. En otros relatos, la visita a un amigo piloto deriva en un viaje inesperado a la otra punta del mundo, el cielo de Sevilla se puebla de animales marinos y un extraño huésped –un nestrovich– puede alterar hasta límites insospechados la vida de una familia. Hay también, claro, lugar para el cine, como en ese cuento en el que un productor se embarca en una película sobre Mahoma financiada por Arabia Saudí, o ese otro cuyo escenario es un oscuro patio de butacas donde coinciden todo tipo de personajes: estudiantes que huyen de la policía, prostitutas, pajilleros, homosexuales y el escritor Azorín, gran aficionado al séptimo arte.

Y están también presentes el arte y la necesidad de contar, como en la evocación de un amigo de la adolescencia, genio de las matemáticas, que tuvo un trágico final en una playa, o en la historia que una abuela explica a su nieto sobre sus amoríos en Cuba, debatiéndose entre dos pretendientes.

Las ocho piezas que configuran este volumen confirman el talento de Manuel Gutiérrez Aragón, que hace años pasó sin sobresalto alguno del cine a la literatura y en este último campo nos ha regalado ya varios libros espléndidos, a los que ahora se suman estos cuentos.

«Ha conseguido un estatus de escritor bien afianzado» (Marta Medina, El Confidencial).

«Gutiérrez Aragón conoce a la perfección los mecanismos de la escritura, pero también sabe sumergirse en los rincones más tortuosos de la psicología humana» (Esteve Riambau, Avui).

«Un cineasta que domina el juego de las palabras igual que el de las imágenes y que ha sabido fondear la expresión artística en las calas de la literatura auténtica, audaz y sin concesiones» (Luis María Anson).

«Un escritor de novelas en plena posesión de su oficio» (Manuel Hidalgo, El Mundo).

«Un gran narrador: primero fueron imágenes, ahora son palabras» (Manuel Vicent).